¿Sabías que la pérdida de biodiversidad también afecta tu calidad de vida?

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De seguro has escuchado las advertencias de científicos y organizaciones de todo el mundo sobre los peligros que trae la extinción masiva de especies y que la actual pandemia se relaciona directamente con la pérdida de biodiversidad. En el Día Internacional de la Diversidad Biológica te explicamos qué es, cómo se relaciona con los humanos y por qué su conservación es clave. 

En palabras sencillas la biodiversidad, o diversidad biológica, es el conjunto de todos los seres vivos del planeta, el ambiente en el que viven y la relación que guardan con otras especies. Es decir, la biodiversidad está compuesta por todos los animales, plantas y organismos, así como todos los ecosistemas, tanto terrestres como marinos, y todas las relaciones que establecen entre sí.

La diversidad biológica desempeña un papel fundamental en el funcionamiento de los ecosistemas y proporciona servicios esenciales para el bienestar humano. Más allá del suministro de bienes como alimentos, agua, combustibles y materias primas, los ecosistemas también tienen un rol fundamental en la regulación climática, la purificación del agua, la polinización, la regulación de enfermedades, el control biológico, la protección contra riesgos naturales, entre muchos otros.

“El rol más importante de la biodiversidad es mantener la vida en su conjunto, creando las condiciones óptimas para que podamos coexistir en la Biosfera. Con cada especie que se pierde, nuestro planeta es cada vez más vulnerable a los impactos de los humanos y cada día será más difícil revertir este proceso, degradando la naturaleza y con ello los sistemas de vida que estamos acostumbrados”, asegura Javier Trivelli, Ingeniero en Recursos Naturales Renovables y Director Ejecutivo de la Fundación Geute.

La pérdida de biodiversidad

Es evidente que la desaparición de una especie repercute en otras. Por ejemplo, sabemos que las abejas están desapareciendo por causas como el uso de pesticidas y la deforestación. La producción de alimentos a nivel mundial y la biodiversidad terrestre dependen en gran medida de la polinización. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), casi el 70% de la agricultura mundial depende exclusivamente de estos insectos. Asimismo, 250 mil especies de plantas florales dependen de ellas, por lo tanto, el planeta y nosotros ¿Podríamos subsistir sin abejas?

Esta interconexión entre especies hace necesario mirar los diferentes procesos que se dan en los ecosistemas con una mirada de conjunto, ya que una especie nunca se encuentra aislada en su hábitat, sino que se encuentra en uno u otro punto de lo que se conoce como una red trófica, en la que depende de otros seres vivos para sobrevivir y, a su vez, otros seres vivos dependen de ella.

Una mayor biodiversidad permite a un ecosistema resistir mejor a grandes cambios ambientales, haciéndolo más resiliente. La resiliencia de cualquier sistema y, en particular, de un ecosistema (es decir, su capacidad para absorber perturbaciones sin alterar significativamente sus características de estructura y funcionalidad) es mayor cuanto más rico y complejo es. En otras palabras: un ecosistema en el cual sus integrantes tengan más diversidad y número de funciones ecológicas será capaz de soportar de mejor manera una perturbación específica y recuperarse posteriormente, sin dejar de funcionar por ello.

El problema es que la biodiversidad está disminuyendo a gran velocidad a causa de factores donde el denominador común ha sido el hombre: cambios en el uso de la tierra y el mar, explotación directa de organismos, cambio climático, contaminación y especies invasoras. Un ejemplo claro de ellos es que cada año se pierden 13 millones de hectáreas de bosques en manos de la agricultura, ganadería y plantaciones forestales, una cifra alarmante si se considera que los bosques albergan a más del 80% de todas las especies terrestres de animales, plantas e insectos.

Según un informe de IPBES (Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas) hemos perdido un 20% de las poblaciones de especies silvestres desde 1900, y tenemos más de 1 millón de especies en peligro de extinción, de un total aproximado de 8 millones.

La actual preocupación por la pérdida de biodiversidad va más allá para algunos científicos, quienes afirman que las tasas de pérdida de biodiversidad son tan aceleradas que nos estamos acercando a la sexta extinción masiva de especies en la historia de la Tierra. Otros científicos hablan de que la homeostasis planetaria está peligro, es decir, que el equilibrio de la biosfera y las condiciones que permiten que la vida sea habitable (por ejemplo, la regulación de la temperatura) podría derrumbarse si seguimos arrancándole eslabones a esa cadena.

A nivel local

Chile posee características geográficas, ecosistémicas y de biodiversidad que son únicas, siendo considerado una isla biogeográfica, aislada por el desierto de Atacama, la cordillera de Los Andes, y el océano Pacífico.

En el país habitan más de 31.000 especies entre plantas, animales, algas, hongos y bacterias, que se presentan en una gran diversidad de ecosistemas marinos, costeros, terrestres e insulares. Y tenemos un endemismo de especies cercano al 25%, con una concentración inusual en la zona centro y sur del país, por lo que esta zona fue catalogada como uno de los 35 puntos calientes o hotspots mundiales de biodiversidad.

“Chile hay que cuidarlo, tenemos una biodiversidad única en el mundo por nuestra condición de isla geográfica y poseemos un alto índice de endemismo de especies, eso significa que muchos de los impactos que generemos y que tengan como consecuencia la pérdida de biodiversidad, no serán reversibles ni con toda la tecnología existente o por existir, si queremos seguir disfrutando en este planeta es necesario que cambiemos nuestros sistemas de vida, comencemos a pensar en cómo cuidarlo en vez de explotarlo”, explica Javier Trivelli.