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Industria Salmonera.

Chile es uno de los países con mayor litoral del mundo, el que incluye no solo su territorio continental sino el de sus miles de pequeñas islas e islotes desperdigados en sus múltiples archipiélagos. Fue esta característica una de las variables que consideró la industria del salmón mundial y nacional para convertir a nuestro país en el segundo mayor productor mundial en este rubro, después de Noruega.

La industria productora de especies salmonídeas ejerce fuerte presión sobre los ecosistemas marinos. Los principales problemas que provoca ésta industria en el ambiente derivan de que los desechos contaminan el agua con residuos sin tratar, además de químicos tóxicos, y otros desechos, y además, el salmón cultivado es una voraz especie carnívora que necesita enormes cantidades de peces silvestres como alimento, compitiendo directamente con los seres humanos y con otras especies de peces por este decreciente recurso, además de que el escape de millones de peces al año deja fuera de competencia a especies hidrobiológicas silvestres. Esta y otras situaciones han generado una sobreexplotación y un colapso del 72% de las pesquerías nacionales, lo que ha puesto en riesgo la seguridad alimentaria nacional, la biodiversidad y la sostenibilidad futura de la pesca artesanal y las comunidades costeras.

Así, a casi tres décadas de operaciones, el balance social y ambiental vinculado a la salmonicultura es trágico. Basta revisar las imágenes de la basura e instalaciones fantasma desperdigados por el borde costero de la Patagonia Chilena, sin considerar toneladas de desechos depositados en el fondo marino, todo lo cual es el vergonzoso legado de sus procedimientos industriales. A esto se suma el uso de excesivo de antibióticos, que en 2014 superó las 500 toneladas para una cosecha total de 897.676 toneladas, en circunstancias en que Noruega usó menos de una tonelada. La cantidad y tipo de antibióticos utilizados han generado cuestionamientos sobre su posible transmisión al ser humano y la vida silvestre.

Las sucesivas crisis de dicha industria, con los despidos masivos de empleados, los deficientes estándares sanitarios, laborales y ambientales, sumados a la privatización y contaminación de los espacios costeros y los cambios en los modos de vida de las comunidades costeras, han generado un cuestionamiento social general a la industria salmonera. Este cuestionamiento está alcanzando los mercados internacionales, es por ello que hoy la industria salmonera enfrenta el desafío de elevar estándares sanitarios, ambientales y laborales, para poder seguir siendo competitiva en mercados globales, pese a la insostenibilidad social, cultural y ambiental que ha demostrado durante tres décadas de operación en Chiloé y los canales de la Patagonia Chilena.